sábado, julio 13

España revive de forma agónica ante Brasil en el Mundial femenino de balonmano y mantiene su esperanza olímpica | Deportes

Kaba Gassama, frenada por las brasileñas Jhennifer Rosa Lopes y Giulia Guarieiro.
Kaba Gassama, frenada por las brasileñas Jhennifer Rosa Lopes y Giulia Guarieiro.HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

De jóvenes a veteranas. De Paula Arcos (21 años) a Darly Zoqbi (41), España atrapó un triunfo agónico ante Brasil (25-27) que vale millones en el Mundial femenino de balonmano. Le permite pasar a la segunda fase como primera de grupo y, lo más importante, dispara sus posibilidades de acceder a los cuartos de final, lo que le aseguraría prácticamente la participación en el preolímpico. El miércoles empezará la Main Round con cuatro puntos (el máximo), donde le esperan Países Bajos, la República Checa, y la ganadora del duelo de este lunes entre Argentina y Congo.

París quedó un poco más cerca después de un encuentro de espasmos al que sobrevivió la selección gracias al empuje de Arcos (cinco goles tras el descanso) y las paradas de Zoqbi (11 intervenciones y un 46% de acierto). A 10 minutos del final, la selección colgaba de la cornisa, en tinieblas y sin gran parte de los argumentos que le habían aupado en una gran primera parte (12-16). Apenas había sumado seis dianas.

Brasil le había remontado subida al turbo de Ana Paula (cinco tantos en la reanudación). Las distancias no eran grandes para las sudamericanas, pero la España que fluía al inicio había dado paso a un equipo pelado. Sin embargo, tuvo la virtud de resistir, de negar su propio hundimiento sujetada por las actuaciones de Arcos y Zoqbi, bien apoyadas por Alicia Fernández. A falta de cinco minutos, Sole López rascó el empate (24-24), Arcos devolvió la ventaja en una contra a falta de dos (25-26) y Zoqbi confirmó la victoria con dos intervenciones que supieron a gloria.

Durante toda la primera mitad, fue una España entera, compacta y, a diferencia de las dos jornadas iniciales, sin cortocircuitos. Eso vendría después. Bien amarrada atrás y, por fin, sin excesivas pérdidas, el gran agujero negro en los últimos tiempos. Y al mando, la de siempre: Mireya González, la luz del ataque. Anotando y, sobre todo, asistiendo al pivote.

Desde el arranque, primero Lysa Tchaptchet y luego Kaba Gassama se pusieron las botas desde los seis metros, casi siempre bien alimentadas por la veterana y luego ellas exhibiendo una gran eficacia. Al descanso, todo lo que tiraron acabó en la cazuela: cuatro tantos para la primera y dos para la segunda. Los dos goles de esta última, la de Granollers, empujaron a España a una ventaja de cuatro al intermedio (12-16) después de una primera mitad muy convincente. La mejor España.

El filón del pivote

Tras un primer tramo de marcaje al hombre, Brasil se paró y las muchachas de Ambros Martín se lo hicieron pagar con varias contras. Por una vez, el problema de las pérdidas estaba en la otra orilla y no en la española. Y, además, Bruna de Paula, que empezó con cuatro dianas sin fallo, sufrió la segunda exclusión. El viento soplaba de cola para la selección, algo a lo que también empezó a contribuir la portería. Merche Castellanos no se había apuntado ninguna parada en 16 minutos. Darly Zoqbi irrumpió y agitó la tarde. Rascando de un lado y otro, las Guerreras más sólidas se estiraron al descanso.

Nada más regresar de los 15 minutos de reflexión, España amagó con meter el demarraje definitivo. Mireya González, cómo no, asistió para Gassama y colocó el 12-17. Pero lo que ocurrió fue justo lo contrario. El temido cortocircuito ya estaba aquí. En 10 minutos, un único tanto de la selección. El camino al pivote de Gassama y Tchaptchet ya no era una autopista sin peaje y el volteo fue un hecho: del 12-17 se pasó al 21-19 en el minuto 44. Ana Paula era un ciclón, incontenible para defensa de las Guerreras, Brasil había dejado de perder balones, y en la costa española el faro de Mireya González se había apagado.

La situación era límite para las españolas, conscientes de que la presencia en París no se ganaba este domingo, pero sí se podía perder. Y en ese terreno tan pantanoso, fueron Paula Arcos y Darly Zoqbi las que defendieron el fuerte a un lado y otro de la pista. Alicia Fernández también remó lo suyo. Evitaron que la distancia se fuera más allá de los dos goles y, en los últimos cinco minutos, su golpe de riñón atrapó un triunfo que fue celebrado como un título. No ganaron nada, pero podían haber perdido casi todo.

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