viernes, junio 14

Fórmula 1: Carlos Sainz marca el ritmo de la noche en el GP de Singapur con una victoria de cirujano | Fórmula 1 | Deportes

Carlos Sainz avisó el sábado, en Singapur, nada más adjudicarse su segunda ‘pole position’ consecutiva después de la que se había apuntado dos semanas antes, en Monza. “Estoy en mi mejor momento desde que llegué a Ferrari”. El domingo, el español confirmó esas sensaciones al llevarse su segundo triunfo en la Fórmula 1, gracias a una gestión impecable de una carrera históricamente delicada, no solo por el agobiante sofoco ambiental, sino también porque transcurre por un estrechísimo pasadizo abrazado por muros. Sainz aprovechó el incomprensible gatillazo de Red Bull y Max Verstappen (finalizó el quinto), penalizado por la decisión de su equipo de rebajar la altura de su RB19, convertido en un potro de tortura más que en el búfalo rojo que hasta ahora campaba a sus anchas allí por donde circulaba.

Con los bólidos energéticos más vulnerables de la temporada, Ferrari no falló esta vez y planeó una estrategia perfecta, que Sainz aplicó con la precisión de un cirujano. La victoria del madrileño es la segunda de su hoja de servicios en el Mundial, tras la que ya se apuntó el curso pasado, en Gran Bretaña, además de ser la primera de este ejercicio que no celebra Red Bull. Sainz fue el elegido para romper la racha ganadora de Verstappen, que quedará finalmente fijada en diez citas consecutivas, y la de la marca del búfalo rojo, que encadenaba 15 grandes premios antes de desembarcar en Singapur.

Lando Norris terminó el segundo, beneficiado por la aparición del coche de seguridad (vuelta 20), que le permitió superar a Charles Leclerc en la primera visita al taller del grupo delantero, siempre liderado por Sainz, infalible en todas las maniobras que hizo. Lewis Hamilton completó el podio, mientras que Fernando Alonso terminó el 15, después de que los comisarios le impusieran una sanción de cinco segundos por traspasar los límites de pista en la entrada del carril de los talleres. Aston Martin había señalado esta parada del calendario como la mejor oportunidad en el horizonte del asturiano para celebrar la ansiada ‘33′. Sin embargo, la estructura de Silverstone parece haber perdido un poco de ese empuje que la convirtió en la sorpresa del año. Había que estar listo por si llegaba la pájara de Red Bull y quien dio un paso adelante fueron la ‘Scuderia’ y Sainz, totalmente comprometido en el proceso de reconstrucción por el que atraviesa su equipo.

El corredor de Ferrari clavó una muy buena arrancada y se mantuvo al frente del pelotón desde la primera frenada, momento en el que tiró el ancla, o más bien el freno de mano, para manejar a su antojo el ritmo del pelotón, un privilegio en la mayoría de circuitos y mucho más en uno tan ratonero como el de Singapur. Con la pole del sábado, el hijo del bicampeón del mundo de rallies (1990 y 1992) dejó clara su velocidad; la victoria del día siguiente fue de control, de esas que dan prestigio porque trastornan a quienes ruedan detrás. El mejor testimonio de eso lo dio George Russell, metido en el papel del león enjaulado la mayor parte del tiempo, absolutamente impotente y maniatado. El desquite le llegó al británico gracias a la avería en el Alpine de Esteban Ocon (vuelta 43 de 62), que motivó la activación del protocolo de coche de seguridad virtual, y que abrió la ventana para que los dos Mercedes recurrieran al juego nuevo de gomas medias que se habían guardado.

Con menos de 20 vueltas para el final y calzado con neumáticos frescos, Russell puso las cosas en su sitio y metió el turbo a una prueba adormecida a propósito hasta ese momento. Con la amenaza real de las Flechas de Plata, Sainz se puso serio y, de golpe, rebajó su tiempo en unos dos segundos por giro; un tirón que no le sirvió para escaparse, pero sí para materializar una última jugada maestra que le terminó llevando a la gloria: utilizó a Norris como escudo, e incluso tiró de él, ofreciéndole a su amigo el efecto del alerón trasero móvil (DRS), para mantenerle entre él y Russell, tan atormentado que terminó contra el muro en la última vuelta. Una muestra del nivel de excelencia al que ha llegado Sainz, convertido por méritos propios en la principal baza del símbolo más universal que existe en el mundo de las carreras.

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