Joselu, de viajar con su suegro a ver una final a jugarla | Fútbol | Deportes

Joselu, de viajar con su suegro a ver una final a jugarla | Fútbol | Deportes

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando metiste los dos goles al Bayern?, le preguntaron a Joselu el pasado lunes, en el día de puertas abiertas a los medios antes de la final de la Champions. Todos esperaban una respuesta sobre el éxtasis del momento, pero nada de eso. “Pues te voy a ser sincero”, se arrancó el delantero del Madrid, “me vinieron cosas a la cabeza un poco turbias, de los dos últimos años, de los dos descensos. Al final, la mente te juega esas malas pasadas y me dio un poco de rabia. Tenía cosas en la cabeza que no quería. Luego sí lo disfruté mucho más”, confesó el nueve. Su gran noche de gloria y, de repente, le asaltan los fantasmas de su pasado en el Alavés y Espanyol.

Joselu Mato ya era uno de los nombres de la cita de Londres con el Dortmund. Uno de los pocos de la plantilla blanca en disputar su primera final europea y, sobre todo, el único que hace dos años viajó a París como aficionado en la final con el Liverpool, apoyando a su cuñado Dani Carvajal (sus mujeres son mellizas). Había bajado a Segunda con el Alavés solo dos semanas antes, aún no tenía muevo equipo, y el lateral derecho lo invitó a vivirla en Saint-Denis con su suegro (de ambos) y su cuñada (mujer del defensa merengue). Y ahí fue.

De aquel día a la actualidad es lo que marca su gran salto. De la grada en 2022 al césped en 2024 se ha convertido en la mejor metáfora de cómo ha cambiado su carrera. “Esta Champions, me quedo con el momento de la entrada de Joselu contra el Bayern”, destacaba Carlo Ancelotti este lunes.

Hace dos años, durante el día que pasó en París, no se escondió de nadie, posó con la camiseta de Carvajal en el centro de la ciudad y publicó las fotos en las redes. El episodio, más allá del parentesco con el zaguero, llamó la atención por tratarse de un futbolista de élite, entonces rival cotidiano del Madrid, y causó también cierta sorpresa entre algunos empleados del Madrid que lo vieron por la capital francesa y lo conocían también porque había pasado por el Castilla entre 2010 y 2012.

“Fue un caos, madre mía, un desastre por la seguridad. Pero lo que cuenta es que el Madrid ganó”, recordaba el ariete a principios de esta semana sobre los incidentes de esa tarde en los exteriores del estadio galo que obligaron a retrasar el partido casi media hora.

Cuando hizo ese viaje a París, ya se sabía que no seguiría en Segunda con el Alavés -llegó a reclamarle 275.000 euros, pero la justicia se lo negó porque el fin de contrato se debió a su voluntad- y todavía le quedaba un mes para firmar por el Espanyol. Con los pericos sufriría su segundo descenso consecutivo, el cruel pasado que asaltó a Joselu en medio del delirio frente al Bayern.

“Ahí está Joselu, ese la mete”

El delantero se presentaba estos días como ejemplo de una historia tardía de éxito. “Puedo servir de inspiración para muchos niños”, decía. “Nadie se puede dar por vencido con sus sueños. Hace dos años, no había ni debutado con la selección”, añadía. Además de su doblete milagrero ante los alemanes, su ratio de tiros de este curso en la Champions (10,1 cada 90 minutos) es el mayor de cualquier jugador con más de 100 minutos disputados desde que Opta tiene registros (2003-04).

El Madrid pagó 500.000 euros el pasado verano por su cesión -una cláusula del contrato con el Espanyol abría si bajaba a Segunda- y ahora puede ejecutar una opción de compra. Solo tres meses antes de que los blancos lo repescaran, Joselu recordaba en el programa La Resistencia, entre las risas generales, su lejano pasado en el Bernabéu, como un episodio ya cerrado. “He tenido la suerte de jugar en el Madrid y eso no lo puede decir mucha gente. Debuté contra el Almería. Dos minutos, y marqué. Me puso un centro un tal Cristiano Ronaldo. Levantó la cabeza y dijo: ‘ahí está Joselu. Ese la mete’. 8-1, pum. Fui directo a por él, tenía ganas hasta de llorar. Yo esto no sé cuántas veces más lo voy a hacer en mi vida. No sabía cuándo me iba a ver en otra igual”, decía entonces en un ambiente de broma que escondía una realidad: nadie imaginaba su futuro inmediato. Era marzo de 2023.

A principios de este año, Carvajal apelaba también entre risas al nexo familiar para explicar la victoria contra el Atlético en la Supercopa. “Con el 3-3, pensé que estaría genial ponerle un balón a mi cuñado y que lo metiera”, explicó el lateral. Ya no lo invita a las finales, las juega con él.

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By Maria Encarnacion Viñas

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