viernes, junio 14

El incierto retorno de Rafa Nadal | Tenis | Deportes

Sonríe Rafael Nadal en Brisbane, agasajado por los aficionados australianos y feliz de llegar adonde pretendía: por fin, el ansiado retorno. Ha pasado casi un año desde que su cuerpo se rompiera por última vez y le obligase de nuevo al viacrucis, expuesto por enésima ocasión a la encrucijada: seguir o no seguir, hacer o no un último intento para cerrar el largo viaje como pretendía, sobre las pistas, peloteando y, por encima de todo, compitiendo, que al fin y al cabo es lo que siempre le ha movido a ejercer ese esfuerzo extra que le diferencia. “Creo no me merezco despedirme en una rueda de prensa, quiero que mi final sea otro”, decía en mayo en Manacor. Y aquí está otra vez, quemando la suela de sus zapatillas y castigando a la bola. Celebra el tenis, el deporte; no tanto (de puertas adentro) sus rivales, desconcertados: ¿Con qué Nadal se encontrarán ahora? ¿Cuál es la magnitud real de la amenaza? Después de otro duro proceso de rehabilitación y readaptación, el tenista español se dispone a sus 37 años a la que se intuye como la última aventura, en una vuelta con escasas certezas y múltiples incógnitas.

De entrada, se sabe que reaparecerá este domingo en Brisbane, donde disputará un partido de dobles junto con uno de sus entrenadores, Marc López, según la información adelantada por el diario As; dos días después, el martes, intervendrá por primera vez de manera individual —contra un jugador de la fase previa—, en una cita en la que se podrá calibrar mejor su verdadero estado actual. A partir de ahí, todo son ilusiones y conjeturas, el deseo de poder jugar y decir adiós batallando frente al frío baremo de la realidad. Todo son interrogantes. Más allá de los planes perfilados por él y su equipo, el día a día y su erosionado físico delimitarán el recorrido, que traza siempre un círculo rojo en la estación de Roland Garros. El 2024 incluirá también la fiesta olímpica de París, pero cualquier vaticinio que se extienda más allá del presente inmediato pinta a osadía. Ni el propio Nadal sabe muy bien qué le espera ni qué le deparará el intento.

“No hay nada imposible, pero estar aquí ya es una victoria”, introducía este viernes durante un acto en el centro de Brisbane, donde le vitoreó una multitud de aficionados. “No puedo fijarme objetivos a muy largo plazo, porque no me veo jugando durante mucho tiempo. No sé cómo irán las cosas, pero en mi mente está intentar ser cada vez más competitivo según vaya avanzando la temporada. Ahora es muy pronto, nunca sabes qué va a pasar”, proseguía el balear, que a mediados de enero (del 14 al 28) competirá, si la hoja de ruta no sufre contratiempos, en el Open de Australia; “no soy de los que intenta predecir qué va a ocurrir a corto plazo y aún menos a medio plazo, pero sé cómo debo abordar este proceso. Se trata de aceptar la adversidad y de saber que las cosas no van a ser perfectas al principio, de mantenerse con la actitud adecuada y el espíritu de trabajo correcto cada día; solo así podré tener la oportunidad de volver a la posición que pretendía estar antes del torneo”.

Nadal firma autógrafos durante un acto en Brisbane.DARREN ENGLAND (EFE)

Nadal dice que la opción de atrapar algún trofeo —posee 92 del circuito de la ATP— o de poder estrechar el cerco sobre Novak Djokovic —dos grandes por encima el serbio, 24-22— es hoy día una utopía. El último lo alzó en mayo de 2022, en Roland Garros. No juega un partido desde el pasado 18 de enero, cuando se rompió el tendón de psoas ilíaco, y posteriormente, en junio, tuvo que pasar por el quirófano para ser intervenido de dicho músculo y también de un viejo problema en la cadera. A partir de ahí, esta última reconstrucción.

“No puedo quejarme. Me siento mucho mejor de lo que esperaba hace un mes, pero ahora mismo es imposible pensar en que pueda ganar torneos”, precisa el de Manacor, que regresó a las pistas de entrenamiento en octubre y ha ido incrementando el ritmo de trabajo de forma progresiva, sin poder forzar la máquina de verdad hasta el último mes. En cualquier caso, una vez que le dieron luz verde empezó a pisar el acelerador y fue completando un programa en el que ha combinado cantidad con calidad. El prometedor Arthur Fills (francés, 19 años, 36º del mundo), el veterano Richard Gasquet o el emergente Holger Rune, entre otros, corroboran las buenas sensaciones obtenidas en las últimas fechas por el español, que peloteó en casa y también en las instalaciones de su academia en Kuwait antes de volar a Australia.

París, de fondo

Se reedifica Nadal piedra a piedra, consciente de que a estas alturas y después de tanto tiempo en la reserva no será fácil subirse a ese tren que circula a toda pastilla en el que aguardan adversarios como Djokovic, Carlos Alcaraz, Yannik Sinner o Daniil Medvedev. El tiempo y la edad no perdonan, y el deseo de alcanzar la competitividad y la regularidad que anhela le exigen ensayar con fuego real desde el inicio; nada de probatinas ni escenarios amables; tralla desde el principio. Pese a ser de perfil menor, un torneo de cuarta categoría, el cartel de Brisbane (ATP 250) incluye a tenistas de peso que guerrean entre los 50 mejores del circuito; al nombre de Rune (número ocho) se añaden otros como los de Dimitrov, Shelton, Korda, Karatsev o el irreducible Andy Murray, y la circunstancia actual de Nadal no le ofrece escapatoria. Relegado al puesto 672 —lo que le obliga a recurrir al ranking protegido o a pedir invitaciones para acceder a los torneos—, se topará desde las primeras rondas con escollos de consideración.

“Siempre espero lo máximo de él. No es el tipo de profesional que vuelve solo para jugar a un nivel medio o disputar unos pocos partidos, sino que quiere ganar y ser el mejor; por eso es quien es, una leyenda de nuestro deporte. Estoy seguro de que su preparación está enfocada en ganar algún Grand Slam”, sostiene Djokovic, de 36 años. Comparte la impresión el murciano Alcaraz, de 20. “Creo que está listo. He visto algunos vídeos de él entrenándose y le veo al cien por cien. He oído a otros jugadores que han entrenado con él en estas últimas semanas y dicen que va a volver a su nivel, así que creo que está listo para hacer grandes cosas este año”. Y suena también de fondo la voz analítica del británico Tim Henman, ahora comentarista. “Necesita jugar muchos partidos, competir y sufrir en la pista; lleva demasiado tiempo sin hacer eso, pero si consigue evitar las lesiones, en la gira de tierra es capaz de todo. Si está de nuevo aquí es porque quiere ganar más Grand Slams y mientras esté en activo, siempre será el favorito en París”.

Nadal envuelve de cinta el mango de su raqueta.
Nadal envuelve de cinta el mango de su raqueta.
DARREN ENGLAND (EFE)

Todas las luces iluminan hacia el Bois de Boulogne, ya sea en junio (Roland Garros) o agosto (Juegos Olímpicos). No obstante, el trazado hacia la doble estación parisina es hoy un vasto campo de interrogantes. Los especialistas coinciden en que Nadal es capaz de afilarse y de ir recuperando el espacio perdido relativamente rápido, como ya demostró en los últimos regresos; no se duda de su extremada habilidad para regenerar su juego ni de su profunda convicción, acentuada en esta recta final de su carrera. Sin embargo, el escepticismo crece cuando se alude al factor físico. Durante los últimos años, los reveses han sido reiterados y el fantasma nunca se ha alejado.

”Llevo haciendo esto casi toda mi vida, por lo que es imposible no extrañar la sensación de estar compitiendo, saltar a una pista llena de aficionado y viajar a los mejores torneos del mundo”, dice el mallorquín en Brisbane; “quizá lo que más he echado en falta es la sensación de sentir que estoy preparado para competir y en disposición de disfrutar del desafío”. Comienza el trayecto, pero se desconoce el itinerario y cuándo y dónde acabará.

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