jueves, abril 18

Liberales, progresistas y extrema derecha llegan igualados a las elecciones en Países Bajos | Internacional

La líder de los liberales holandeses, Dilan Yesilgöz, este martes durante el debate electoral.PIROSCHKA VAN DE WOUW (REUTERS)

La recta final de las elecciones legislativas holandesas viene marcada por el ascenso en los sondeos de la extrema derecha de Geert Wilders, al que la empresa demoscópica I&O Research situaba la noche del martes en cabeza con 28 escaños. Ese resultado le coloca prácticamente igualado a los liberales de derecha y la alianza formada por socialdemócratas y ecologistas, que se quedaría con 27 diputados cada uno. Aunque estos fueran los resultados definitivos de los comicios, formar una coalición entre esos partidos sería imposible. Los liberales aseguran estar dispuestos a hablar con Wilders, pero no a gobernar con él. La socialdemocracia, que no ha encabezado un Ejecutivo desde 2002, no contempla dicha posibilidad. Si bien es cierto que Wilders suele subir mucho en la recta final de las campañas electorales, a su reciente mejora de perspectivas electorales se suma el malestar generado por las dos agresiones sufridas por el otro representante de la derecha xenófoba, Thierry Baudet. La noche del lunes, le dieron un botellazo en la cabeza en un bar del norte de Países Bajos. Hace un mes, cuando visitaba la universidad belga de Gante, un paraguazo le provocó una ligera conmoción cerebral.

Todos los candidatos han criticado los asaltos sufridos por Baudet, causados, el de Bélgica, por un inmigrante de origen ucranio; el del lunes, por un holandés menor de edad. Sin descartar las simpatías que ello pueda generar entre los votantes, la crisis de la vivienda, la polarización social, el coste de la lucha contra el cambio climático y la inmigración han ocupado el debate de este martes de cierre de campaña. También ha aparecido la guerra de Israel y Gaza, un tema de ámbito internacional casi obviado. Wilders lo ha aprovechado para señalar: “Crece el antisemitismo en Países Bajos y si llego a ser primer ministro, lo seré de todos los holandeses”. Dilan Yesilgöz, líder de los liberales de derecha, le ha dicho que no le cree. Que su programa electoral excluye a gran parte de la población por su origen inmigrante. “Lo que quiere la gente es una casa caliente y un trabajo. No quieren enfrentamientos, señor Wilders”, ha dicho Yesilgöz. Ella aspira a suceder a Mark Rutte, el primer ministro saliente, que ha estado al frente de cuatro Gobiernos entre 2010 y 2023 y con el que comparte partido. “El último Gabinete cayó porque llega demasiada gente a Países Bajos y eso hay que regularlo. Esa es la realidad y hay que tener soluciones”, ha asegurado Yesilgöz.

A pesar de que las diferencias en los ingresos no son abismales entre la población holandesa, nueve de cada 10 hogares ganan menos de 84.000 euros anuales. Donde más se nota la brecha es en los activos, entre ellos, una vivienda, terrenos o acciones. Ahí, el 10% más rico del país posee casi el 60% de la riqueza. Según los datos publicados por el Instituto Holandés de Derechos Humanos, un organismo asesor del Gobierno, alrededor de 800.000 personas —200.000 niños— viven en la pobreza, en un país de 17 millones de habitantes. “No se puede ignorar esta situación, y es lo que hacen los demás partidos, planes y análisis, pero nada concreto. La esperanza es un nueva forma de gobernar”, ha dicho Pieter Omtzigt, exdiputado democristiano y cabeza visible de Nuevo Contrato Social, el partido recién creado que espera auparse al Ejecutivo; la última encuesta le otorga 21 diputados. En este punto, el socialdemócrata Frans Timmermans, exvicepresidente de la Comisión Europea, se ha lanzado a recordar que su programa “se ocupa de que los niños holandeses salgan de la pobreza y la gente pueda acceder a una vivienda decente”. Con su ya famoso colgante de vaca blanca y negra, Caroline van der Plas, jefa del Movimiento Campesino-Ciudadano, la voz del populismo agrario, ha señalado que “no se puede evitar el cambio de clima y es mejor ayudar a la gente a que sus hogares sean sostenibles, pero invertimos millones sin que se vea bien en qué ayudan a la población”.

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